Plomo…qué?

Hace ya algún tiempo, un viernes de madrugada, llegué a casa después de una agitada noche de fiesta, tras  acudir a un par de conciertos.

Pasadas las cuatro de la mañana, y con un hambre atroz, me dirigí a la nevera para atracarla ferozmente… algo no habitual.

A continuación, cuando me disponía a disfrutar de mi festín, más que merecido, encendí la televisión (craso error) y cuando comencé a dar el primer bocado, me quedé atónita al escuchar  “abre tus caminos con la plomonancia”.

Ya no saben que inventar para estafar a los pobres incautos, aunque no puedo negar que despertó mi curiosidad. Así que al día siguiente me propuse indagar sobre el tema y… oh sorpresa!, la búsqueda del término plomonancia no obtuvo ninún resultado.

He sido incapaz de descubrir en qué demonios consiste esta novedosa e intrigante técnica, aunque no me quita el sueño, así que estoy abierta a teorías diversas.

La huida de la magia

Ilustración de Nicoletta Ceccoli

Extenuado, tan pequeño que sus pasos avanzaban lentos por el silencioso piso de la cocina.

Afortunado se sabía al vislumbrar, a lo lejos, lo que parecía un cuenco con restos de agua. Por fin podría calmar su sed, aunque el hambre hacía mella en él cada vez más profundamente.

Se adentró sigiloso en el calcetín, su suave olor y calidez le ofrecieron un merecido descanso, y le abrieron la posibilidad de proseguir su viaje.

Nunca supo qué le había movido a alcanzar ese húmedo lugar deshabitado.

Ya no recordaba el comienzo de aquella aventura, ni el motivo que le condujo a abandonar su mundo.

Si, ahora lo entendía todo, la  magia se ocultó como el sol cada atardecer, había desaparecido, y esa búsqueda era una losa tan pesada que casi le asfixiaba.

Sólo quería regresar, cansado, tan cansado que podría dormir varios días seguidos y reponerse, pero para qué…